Golda Meir, una figura de excepción en Israel

09/Dic/2016

Enlace Judío, México

Golda Meir, una figura de excepción en Israel

A 38 años de la muerte de Golda Meir,
reproducimos íntegramente el artículo que se publicó en el diario español El
País al día siguiente de su deceso, el 9 de diciembre de 1978.
EL PAÍS
La ex primera ministra de Israel Golda Meir
murió ayer a la edad de ochenta años. Con ella desaparece la última de las
grandes figuras del Movimiento Laborista israelí que levantaron los cimientos y
edificaron el Estado de Israel. Diputada, ministra y primera ministra, su
personalidad imprimió todo un carácter a la escena política de su país. «Es el
único hombre de mi Gobierno», dijo de ella el primer ministro, David Ben
Gurión. Desde Jerusalén, nuestro corresponsal Víctor Cygielman ha hecho la
siguiente semblanza de Golda Meir.
La radio israelí interrumpió ayer sus
emisiones a las seis de la tarde, hora local, para anunciar la muerte de Golda
Meir en el hospital Hadassa, de Jerusalén. Su fallecimiento se ha producido
tras una larga y penosa enfermedad. Su estado de salud, ya precario a raíz de una
agravación del mal que la aquejaba, se vio bruscamente deteriorada hace cuatro
días a consecuencia de un ataque de ictericia. Miembro de un kibutz en 1921,
líder sindicalista en el veintiocho, dirigente político en 1936, ocupó el cargo
de primer embajador de Israel en la URSS en 1949. En 1956 se convirtió en
ministra de Asuntos Exteriores, en secretaria general del Movimiento Laborista
en 1966 y en primer ministra en 1969. Esta mujer apasionada, esposa, madre y
abuela, de la que Ben Gurión afirmó que «era el único hombre de su Gobierno»,
supo imprimir la marca de una personalidad sin igual a una época excepcional
para Israel.
Nació en Ucrania en 1898 con el nombre de
Goldie Mabovich. Pasó a llamarse Goldie Myerson por su matrimonio en Estados
Unidos, adonde había emigrado su familia en 1906, huyendo de los progroms
antijudíos de la Rusia zarista. Su nombre definitivo de Golda Meir lo adoptó
cuando Ben Gurión la envió de embajadora a Moscú. «Golda», como la llamaban
familiarmente los israelíes, se convirtió en el símbolo de una generación de
soñadores y colonizadores, de idealistas y políticos realistas, que combatió a
brazo partido, primero por un sionismo militante, luego por un Estado hebreo en
lucha por su supervivencia física, política y económica.
Naturalmente, la vía escogida por Golda
Meir, sus opciones políticas e ideológicas fueron criticadas por más de un
israelí. A quienes se maravillaron ante su sentido del liderazgo y su fuerza de
carácter, los críticos de Golda Meir replicaron que, muy a menudo, puso esa
fuerza al servicio de una política equivocada y que su conocida obstinación era
digna de mej ores causas.
En este sentido se evoca la política
anexionista seguida por su Gobierno entre 1969 y 1974, y que resume la conocida
frase de su entonces ministro de Asuntos Exteriores, Moshe Dayan: «Vale más
Sharm El Sheik sin la paz, que la paz sin Sharm El Sheik.» Esta política
condujo a la guerra de octubre de 1973.
Bajo su Gobierno, los israelíes
sacralizaron la política de los tres «noes»: no al retorno a las fronteras
anteriores a la guerra de 1967, no a un Estado palestino y no a las
negociaciones con la OLP.
Por eso, cuando Menahem Begin, convertido
en primer ministro, osó desviarse de uno de esos «noes», al aceptar -a cambio
de la paz- un retorno a las fronteras del 67, Golda Meir, ya muy delgada y
debilitada por la enfermedad arremetió contra «esta política capitulacionista y
suicida» el pasado mes de septiembre.
Golda Meir ha desaparecido en el momento en
que su partido, el Partido Obrero Israelí (englobado en la coalición laborista)
atraviesa un declive político e ideológico desde que la ex-primer ministra
abandonó la política activa, hace cuatro años. Sin embargo, la «gran y
anciana-dama», como llamó casi afectuosamente el presidente egipcio Anuar el
Sadat, se había ganado ya un lugar en el Panteón Nacional de Israel. Con su
muerte, ayer, su país está en duelo.
Por encima del desastre
Los israelíes le tributaron un cariño que
pocos dirigentes de Israel han tenido. De ella emanaba una fuerza, una
seguridad que despertaban confianza. «Golda sabe lo que hace», «uno se puede
fiar de ella», decían los israelíes, incluso en medio del desastre de la guerra
de 1973, que no afectó a su prestigio. Entonces se pidió la cabeza de Dayan, o
de este o aquel general, pero Golda quedó por encima de todo.
La fascinación que ejercía era
sorprendente. No poseía el espiritu visionario de Ben Gurión ni la cultura
política de Moshe Sharet. Ni siquiera la capacidad de análisis de Yitzak Rabin.
Su hebreo era aún más pobre que el de Abba Eban, su lenguaje menos selecto que
el de Begin; sin embargo, era, literalmente, hechizadora.
La última aparición pública de Golda Meir
fue hace un año, cuando Sadat visitó Jerusalén el pasado mes de noviembre.
* Este artículo apareció en la edición
impresa del Sábado, 9 de diciembre de 1978